Ilustración atmosférica para Después de ti

Historia

Después de ti

No quiero que el dolor de una historia anterior decida cómo termina ésta.

Después de todo aquello volví a refugiarme en una idea que ya conocía:

estar sin nadie.

No esperar demasiado.

No volver a construir una vida alrededor de alguien.

Parecía más fácil.

Más seguro.

Había aprendido lo que podía pasar al atreverme.

Y no tenía ganas de comprobarlo otra vez.

Entonces apareciste.

No sé si fue coincidencia.

Si algunas personas simplemente se cruzan en el momento preciso.

O si Dios, de vez en cuando, pone algo en el camino cuando uno ya había decidido dejar de buscar.

No lo sé.

Sólo sé que no te estaba esperando.

Y llegaste.

Fuerte.

Mucho más de lo que yo creía ser entonces.

De esas personas que no sólo caminan a tu lado, sino que a veces te empujan hacia lugares a los que jamás habrías llegado por tu cuenta.

Contigo hice cosas que antes me habrían dado miedo.

Me atreví a otras.

Descubrí capacidades que no sabía que tenía.

Tomé decisiones.

Avancé.

Construí.

Y aunque a veces el presente se vuelva difícil, sería injusto mirar nuestra historia solamente desde lo que hoy duele.

Porque también hay mucho que agradecer.

Mucho de quien soy ahora se construyó mientras caminábamos juntos.

Eso también es verdad.

Como también lo es que algunas veces el cansancio me alcanza.

Que algunas veces quisiera un poco más de ternura.

Una pregunta.

Una pausa.

Ese pequeño gesto que me haga sentir que no tengo que ser fuerte todo el tiempo.

Hay días en los que termino mendigando un sorbo de empatía.

Y entonces me pregunto cómo llegamos hasta aquí.

Pero últimamente también ha aparecido otra pregunta.

Una que no es tan cómoda:

¿qué parte de todo esto me corresponde a mí?

Tal vez he pasado demasiado tiempo mirando las heridas que traje conmigo.

Tal vez el miedo con el que llegué nunca desapareció del todo.

Tal vez aprendí a cuidar,

a resolver,

a proveer,

a estar…

pero olvidé cómo entregar algunas otras cosas.

Y algunas veces me pregunto si, mientras esperaba recibir cariño de determinada manera, también dejé de mirar qué necesitaba la persona que estaba frente a mí.

No sé la respuesta.

No sé si una persona puede hacer feliz a otra.

Ni siquiera sé si ésa debería ser la tarea.

Pero sí sé algo:

no quiero que el dolor de una historia anterior decida cómo termina ésta.

Porque la persona que llegó después no provocó aquellas heridas.

Y tampoco debería recibir solamente lo que quedó de mí después de ellas.

Quizá todavía estoy a tiempo.

No de regresar a quien fui.

Ni de volver a esa versión de mí que llenaba los días de flores, mensajes y detalles como si amar consistiera en demostrarlo a cada minuto.

Tal vez se trata de algo más difícil:

aprender a estar aquí.

En esta historia.

Con lo que somos hoy.

Escuchar.

Dejarme escuchar.

Preguntar.

Responder.

Volver a mirar a la persona que camina conmigo sin verla a través de todo lo que ocurrió antes de ella.

Porque quizá un lugar seguro no es aquel donde nunca nos hacemos daño.

Quizá es aquel donde todavía podemos mirarnos después del daño y preguntarnos:

¿podemos hacerlo mejor?